En el camino laboral aprendí…

Que si no surge porque si, de lo más profundo del ser y del corazón, me parecería importante que se cultive la humildad por saber que hoy podés estar en la cima del Himalaya, pero que la rueda puede girar increíblemente rápido.

Por entender que todo, todo, todo trabajo vale, y que la persona que lo realiza lo hace por un motivo, y que debemos respetarlo y respetarla respectivamente.

Que no te hace más capo pedir las cosas altaneramente, ni menos genio agradecer el servicio prestado. Y que si has comido lo que podías durante tanto tiempo, o a veces has salteado comidas o repetido el arroz durante semanas, una comida equivocada o un condimento de más no valen el escándalo de mal modo que puede ocasionarle problemas al mozo.

Que todo lo que hoy acumulás para vos sólo, egoistamente, sin delegar ni pedir ayuda para potenciar tu autobombo y aplausos es no sólo experiencia y crecimiento que negás a tu equipo, sino capital social que perdés de otros. Capital que los podría ayudar a crecer porque si, o para que algún día, cuando la rueda gire, tengan un buen recuerdo de vos y te tiendan una mano.

Que que hoy vayas a hoteles 5 estrellas no garantiza que mañana debas volver al hostel, o a dormir en el piso de lo de un amigo. O que hoy tengas uno o hasta dos Blackberry no impide que mañana debas mandar un mensaje de texto desde teléfono prestado con un: “Llamame a tal número”.

Que cuando nos quitan TODO sólamente nos queda nuestro nombre y apellido. Y que el recuerdo que él genere en las mentes y corazones de los demás son lo único que capaz tengas para reconstruirte. Y que capaz no lo pienses ahora o no te importe por vos, pero de alguna manera es muy probable que ese apellido pese en la reputación de tus hijos.

Que es bajón que ese jefe poderoso piense que sos un traidor. Pero es mucho peor que cada compañero o vecino pienses que lo sos. Porque los cargos cambian, pero difícilmente todos los que te rodean se muden de casa al mismo tiempo.

Que todos esos cargos que nombrás o hacés nombrar a la hora de que te presenten son paredes que interponés entre vos y la gente que REALMENTE te necesita. Que cuando sos grande no necesitás hacer ruido, que ruido hace el carro cuando va vacío y no cuando está tan lleno que las cosas no se mueven y no chocan.

Que si tu mamá o tu hermano no entienden cuando les hablás es porque no lo estás haciendo lo suficientemente sencillo como para que valga la pena oirte.

Que por lo general, los presidentes manejan tanto las generalidades y tan poco los detalles que permiten avanzar cuando las cosas se traban… Y que si solamente generaste relaciones con ellos, el día que pierdan su cargo estás en 0.

Que tu capacidad real es la del trabajo que podés conseguir por tu cuenta.

Que los horriblemente llamados “4 de copas” serán “4 de copas” pero son muchos, muchos, muchos. Y es probable que tengas más teléfonos de ellos en tu agenda que de gente que habla con Obama.

Que la humildad es el sentir que aún queda todo por aprender. Que no sabemos nada. Que tenemos el alma curiosa de un niño. Que podemos bajar la mirada. Que aceptamos equivocarnos. Que de caernos aprendemos, y más si nos levantamos.

(Y no me ha ido tan mal creyendo así. Asi que se me dio por comentarlo.)

Salú

Male

una chica con rulos, que aunque un día tenga títulos va a seguir firmando así.

1 comentario

  1. Una genia, qué genial que estaría que lo leyeran tantos pelotudos que aspiran a gerentes hoy por hoy.

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